
“reload: rethinking women + cyberculture” es una antología de perspectivas ficcionales y teoréticas de las relaciones entre las mujeres, la cibertecnología y la tecnocultura. La premisa de esta antología es interesante porque es la primera colección de ciberficción de mujeres y el primer intento de leer los problemas que salen a luz en este género literario. También es una reflexión sobre los géneros femenino y masculino y su relación con la tecnología.
Las editoras, Mary Flanagan y Austin Booth, empiezan este libro con una introducción que ayuda al lector a orientarse en los temas centrales de la ciberficción femenina, incluyendo sus comienzos en un terreno masculino en el que los valores también masculinos aparecen en toda la obra de ciberficción. Dentro de este tipo de ficción se encuentra el ciberpunk, el cual revaloriza al hombre renegado y tiende hacia la reificación constrictiva de roles y no a transcenderlos. Este género brinda mucho más a las escritoras de ficción y teoría en su “exploration of subjectivity and technology, its deconstruction and fragmentation of the subject via representations of technoculture, and its attention to the discursive and the material body and to the effects of embodiment” (9).
Booth también ofrece un capítulo llamado “Women's Cyberfiction: An Introduction” en el cual delinea con más detalle los problemas ya mencionados y da un paneo de la historia, reforzando así la convicción de las editoras de que “technology is itself neither a means for domination nor a means of resistance”— es un terreno cultural complicado que las ciberfeministas deben saber navegar para sobrevivir, apuntando a sus límites y sus posibilidades positivas (27).
La antología está dividida en tres partes: “Women Using Technology,” “The Visual/Visible/Virtual Subject” y “Bodies”. La primera parte examina “how digital technologies enter into women’s personal, social, and work lives,” con un énfasis especial en el rol de las mujeres como productoras y consumidoras de cibertecnología y las maneras en que las experiencias diarias de la mujer con la tecnología puede ser liberadora y opresiva a la misma vez (43).
La segunda parte, “The Visual/Visible/Virtual Subject”, examina las maneras en que los cuerpos de las mujeres son representados en la ficción, la cinematografía, los videojuegos, el discurso médico, y las artes. Algo para destacar en esta sección es la preocupación con la forma en que los cuerpos de las mujeres se ven en estas categorías y los modos en que la tecnología los representa.
“Bodies”, la tercera parte de este libro, se enfoca en “the implications of embodiment and disembodiment for women,” extendiendo el problema de la articulación de la relación entre el cuerpo material y el cuerpo discursivo con el ciberespacio (458). Aquí la pregunta esencial es si la promesa de liberación del cuerpo en el ciberespacio es o no es verdaderamente redentora en la práctica tanto como lo es en la teoría.
En “reload: rethinking women + cyberculture”, Flanagan y Booth logran crear un equilibrio entre las perspectivas de la ficción y la teoría, en términos del espacio que les dedican a una y otra perspectiva, así como también en la manera en que estos aspectos dialogan entre ellos. Las once selecciones ficcionales y los quince ensayos críticos dejan la impresión que para que las mujeres logren entender su relaciones con la ciberficción, el ciberespacio, y la tecnocultura, deben apoyarse en el trabajo imaginativo de la ficción porque éste es capaz de mostrar nuestro mundo en una manera nueva e intensa y de ayudarnos a imaginar el mundo totalmente diferente. Por su lado, el trabajo crítico nos revela las asunciones y convicciones que están escritas en las historias que contamos acerca de nuestra realidad y las prácticas que concretizan nuestras visiones de una misma y la sociedad.
A nivel temático, la sinergia entre las selecciones ficcionales y teoréticas son representativas de la antología, la cual ofrece oportunidades de considerar la relación entre la tecnología y el trabajo (como en los trabajos de Candas Jane Dorsey y Heather Hicks), género y performance (C. L. Moore y Veronica Hollinger), y la relación entre la mente y el cuerpo (en los ensayos de Shariann Lewitt, James Tiptree Jr. y Dianne Currier) usando vocabularios diferentes y estructuras de ficción y teoría.
Hay mucho que (re)pensar en el campo concerniente a las mujeres y la cibercultura. Las selecciones compiladas por Flanagan y Booth exponen los problemas típicamente “masculinos” de la tecnocultura—las economías sexuales y financieras de explotación, la cultura de la violencia, y las nociones esencialistas de género y sexualidad. Seguramente en el futuro habrá trabajos que expandirán la discusión al examinar con más detalle las interacciones diarias de las mujeres con las cibertecnologías, las posibilidades de poder de las mujeres, el amor y la intimidad dentro de estas interacciones, y los lugares que estas interacciones ocupan dentro de las economías tecnológicas nacionales y globales.
Aunque este volumen no es perfecto, me parece que llena un vacío importante, como dicen las editoras en la introducción: “the absence of a volume that introduces women’s cyberfiction and the absence of a volume that considers gender and technology issues from fictional and theoretical viewpoints with and against each other” (1). También llena un vacío social importante “between those who have access to technological resources and those who do not” (13). Al fin y al cabo, los vacíos que llena este libro son más importantes que algunos que parece no llenar completamente.
En todo caso, la importancia de esta obra para nuestra clase es la de abrir una discusión hacia la participación de la mujer en estos “nuevos” campos de la cibertecnología y la cibercultura. Al ser dos campos que han sido tradicionalmente masculinos, ¿cómo podemos pensarlos relacionados a las mujeres? Asimismo, ¿cómo podemos pensarlos en relación a otras minorías que no han sido representadas en estos espacios hasta este momento? Hablamos mucho de las comunidades indígenas, pero hay también otras minorías que están tomando estos sitios como suyos y otras que no tienen el acceso adecuado y siguen quedando afuera. Creo que estas son cuestiones para (re)pensar y (re)formular mientras seguimos nuestra travesía por el camino de la tecnología no sólo en el futuro, pero también en el presente que vivimos día a día.
[Nota: Encontré estas definiciones sobre la palabra “ciber” y sus derivados, y pensé que sería interesante compartirlos:
cyber, cyber (
subculture),
cyberculture,
cyberpunk ,
cyberfeminism.]