Mientras miraba el video de la charla de la profesora Cindy García, no pude dejar de pensar en un fenómeno similar en la Argentina con el baile llamado cumbia. Este baile vino de otros países latinoamericanos y se instaló en las clases trabajadoras del país. Se hizo popular rápidamente, pero la gente de clase media y alta casi se burlaba de este baile y no lo tomaba en serio—a pesar de que muchos de los que pertenecían a esas clases iban a bailar a los lugares donde se escuchaba este tipo de música, comunmente llamados bailantas. Ir a un lugar como “Terremoto Bailable” en Buenos Aires era como entrar en un mundo nuevo para ver como “esa gente” bailaba “ese baile”.
De a poco, el baile se fue filtrando por todos los poros de la sociedad y los músicos y cantantes de cumbia se hicieron famosos. En los años noventa no podías prender la televisión sin ver a La Mona Jiménez, El Potro Rodrigo, Gladys La Bomba Tucumana, Pocho la Pantera, Ricky Maravilla, etc. Fíjense en los nombres de estos artistas y en el hecho de que muchos de ellos venían de lo que se llama el interior de la Argentina (es decir no de Buenos Aires). Muchos de ellos también provenían de un tipo de música típica de la provincia de Córdoba llamado cuarteto o cuartetazo. Todos estos tipos de música tienen en común el hecho de ser divertidos y tener un ritmo propicio para bailar en cualquier fiesta.
Hoy en día todos bailan la cumbia, pero este tipo de baile sigue teniendo el estigma de baile de barrio o de villa (las villas miserias son los “slums”). Y ahora las letras hablan de la violencia que se vive en las grandes ciudades del país, como lo hace el grupo Los pibes chorros (“chorro/a” en el lunfardo argentino significa ladrón/a). Inclusive este grupo y otros (re)nombraron la cumbia argentina como cumbia villera—el ritmo sigue siendo adecuado para bailar, pero las letras ahora denuncian la situación del país.
Acá los dejo con una pequeña muestra de la cumbia argentina:
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