Apenas entré al sitio de Yoani Sánchez, me llamó la atención el comentario bajo el título “Lista para el Everest”. Y, al leerlo, no pude más que sonreír (una sonrisa con mezcla de melancolía y tristeza) porque ella no es la única que vive en un piso catorce ni la única que sufre la lentitud de un arreglo.
Digo esto porque toda mi vida viví en un piso catorce en la ciudad de Buenos Aires y recuerdo perfectamente cuando un día exploto la caldera (que calienta el agua y también sirve para la losa radiante). No recuerdo el año exactamente, pero debe haber sido a comienzos de los noventa. Cuestión que pasamos meses sin agua caliente y varios días sin poder usar el ascensor. Además, con los cortes de luz programados por el gobierno del presidente Menem era muy común tener que subir y bajar los catorce pisos. Así que, Yoani, te entiendo.
En todo caso, lo que más me llamó la atención fue que un tema al que podemos catalogar de “simple” (dentro del espectro internacional) atrajo la atención de casi setecientas personas, incluidas algunas peleas y discusiones internas que se ven en los comentarios. Pero, claro, sabemos que el hecho de que el ascensor de Yoani se haya roto no es de suma importancia. Lo importante es lo que pasa después: ¿Cuánto tiempo tarda en arreglarse? ¿Quién lo va a arreglar? ¿Qué pasa con la gente anciana o discapacitada? ¿Quién ayuda a los que no pueden salir de sus departamentos por este inconveniente? Y podemos seguir…
El ciberactivismo de Yoani no tiene que demostrarse solamente por medio de una confrontación con Mariela Castro (que se puede ver en YouTube), sino también se puede exponer hablando de las cosas que pasan todos los días en un país que se jacta de ser el mejor en educación y salud (y en no sé cuantas cosas mas). Al fin y al cabo, se puede ver si un gobierno se preocupa por sus ciudadanos (o no) ocupándose de resolver los problemas diarios, como un ascensor fuera de servicio.
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